domingo, 4 de julio de 2010
ROJO
Era tarde ya y Andrea se empezaba a preguntar porque el sol tardaba tanto en esconderse. El día empezó cálido y se había mantenido así hasta este momento en que Andrea comenzó a notar en su piel como sus poros se iban levantando rápidamente hasta parecer volcanes con un vello en el tope, sintió también su cabello moverse con tal fuerza, que casi la hace girar, pero no, el cabello sólo se le enredó y le tapaba por momentos la vista que desde hace ya un rato Andrea tenía. Sus ojos grandes observaban con cuidado, parpadeaba muy seguido, pues el terco sol no se metía y la luz le daba directo, además su cabello travieso se entremetía de repente con sus pestañas; Ahora Andrea pensaba que, de tanto parpadear estaba "Obligando" Al sol a desaparecer, así que, jugando un poco Andrea parpadeaba de más y cada que abría los ojos todo era ligeramente más oscuro. Viento otra vez. Su cabello le picó los ojos, se talló, no podía abrirlos tan rápido esta vez, se talló de nuevo. Empezó a sentir que los volcanes aparecían de nuevo en sus brazos y piernas y entonces, lo olió, identificó ese aroma rancio, viejo, ese que le recordaba a betabel recién partido. ROJO. El betable es rojo, recordó, húmedo, también es húmedo. Y mientras el olor se hacía más intenso, más claro, se imaginaba al betabel en la tierra mojada por la lluvia, cómodo, escondido y súbitamente arrancado, despojado de su naturaleza, en manos desconocidas y de pronto mutilado. Andrea ya no quiso abrir los ojos...
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